Adiós, eternamente (Cuento por Mariana Valencia Beltrán).
Experiencia personal:
Para ser sincera este cuento ha sido bastante reciente, resulta irónico que lo primero que publique sea mi cuento mas reciente, el último que he escrito. Es nuevo año 2025. Realmente quería tener un proceso de crecimiento. Queria escribir, queria darme esa oportunidad. Quería hacer algo que en serio amara.
La verdad es que amo escribir, me parece una herramienta demasiado terapéutica. Y explora temas universales.
Adiós, eternamente.
Juan Sanmartin se encontraba con uno de sus amigos en un café famoso en la ciudad, Juan recordó qué ella le habría dicho qué ese café olía a caro. Probablemente tenía razón, sus círculos eran diferentes. La gente qué frecuentaba, también.
Juan observó el rostro afable de Jorge su amigo, se alegraba mucho de verlo, con el que había compartido muchas noches de jergas ,risotadas, ambos compartieron el mismo porro. Juan con sus ojos negros miro a Jorge, su amigo, una de las personas más íntimas de su vida. No, nunca podría renunciar a eso. A sus veladas, a sus amigos, a su vida. Ni siquiera por ella. Siempre había pensado qué ella se estresaba demasiado por el futuro, a él solo le importaba el presente.
En medio de la conversación surgió una conversación, o más bien un tema controversial.
Si, ella. Habían sido amigos durante años, habían sido confidentes. Era imposible no saber de quién se trataba.
Juan sonrió con desdén, le preguntó a su amigo:
-¿Qué paso con, tú sabes con ella con…? Ya sabes la loca…-
Jorge al escuchar esto perplejo contestó inmediatamente:
-Tú sabes más de ella qué yo, tú sabes qué nunca fuimos cercanos, menos ahora qué ustedes…… Esa mujer odia todo lo qué tenga qué ver contigo, todo lo qué eres tú, quiso sacarlo de su vida. Pienso qué ella estaba demasiado vulnerable y bueno tú estabas demasiado dolido por sus críticas... No sé, hombre, tú simplemente no eres la persona para ella. De todas formas te equivocas después de qué tú y ella… Ella desapareció, nunca más volvió a hablar con ninguno, tampoco sabemos con exactitud qué está haciendo-
Juan suspiró, no había escuchado de ella en muchos meses. Su interlocutor tampoco parecía saber nada sobre la dama objeto de la conversación ¿Viva? ¿Muerta? No existían noticias. Juan Sanmartin tenía muchos amigos, las risas, los chismes, la bebida, las drogas, tusi, bareta, éxtasis, todo eso era su vida,su rutina.
Recordó la risa de sus amigos. Su vida, aquella qué ella tanto odiaba, aquella vida a la que siempre había sido tan crítica. Fue una muy agradable velada.
Después de la conversación Juan se dirigió a su casa. Una casona grande con un gran jardín. Su padre lo recibió con un beso y una sonrisa.
-Juan, alguien envió una carta el día de hoy, sé qué es una carta, porque no es una factura, ni una notificación es, lamentablemente no tiene remitente, el hombre de los envíos desconoce quién realizó el envío- Era un hombre bastante robusto, de unos sesenta y cinco años, una risa bastante fuerte sonó en toda la habitación. -Me pregunto quién se habrá tomado el trabajo de escribir una carta en pleno siglo XXI ¡Dios mío se tomó el trabajo, cuando pudo simplemente enviar un mensaje! Ni siquiera tiene destinatario, no la abrí, pero me está matando la curiosidad-.
Después de un momento volvió a refunfuñar -Otro de tus dramas Bahhh, lamentable, lamentable-
Callando sus pensamientos, el joven observó a su padre, desde el primer minuto sabía de quién era esa carta. Sabía qué opinaría su padre de ese asunto, por supuesto, de conocerlo. Sabía qué se decepcionaría de su conducta. Su padre siempre había sido demasiado rezandero, demasiado tradicional. Sabía qué compartía muchas de las opiniones de ella. Sabía que ambos se habrían llevado bien, de haberse conocido. Juan sabía desde hace muchos años, qué su relación con su padre era demasiado tensa. Qué su padre amaba mucho más a sus hermanos. O por lo menos no lo decepcionaron tanto como él. Las comparaciones eran odiosas, pero siempre habían estado presentes.
Sabía también qué solo una persona en todo el mundo se tomaría el tiempo de enviarle una carta, cuando era más sencillo un correo electrónico, o un mensaje de redes sociales. Era evidente qué era ella, reconocería su letra mil veces. Sabía más o menos de qué se trataría, pero aun así tenía miedo de leer, tenía miedo de lo que pudiera pensar su padre.
-Papá ¿Seguro qué no la leíste?- repitió con una mirada de desconfianza.
-No. Tengo mejores cosas qué hacer qué leer tus dramas-
Juan había Googleado su nombre varias veces. Una mujer qué vivía haciendo su vida pública, ahora tenía cero resultados en el motor de búsqueda.
Si, ella, a quien él mismo había elegido alejar de su vida. Sin embargo prefirió callarse. Apretó los labios nerviosamente. Empezó a leer. Si definitivamente solo ella se tomaría el tiempo de hacer aquello. Revisó las hojas de lado y lado, sin dirección del destinatario, sin nombre del emisor del mensaje. Parecía qué mágicamente estaba allí en sus manos. No, no había pistas del estado actual de ella. La conocía lo suficiente para saber qué ya no existía posibilidades de un acercamiento.
“A ninguna persona en específico, a todo el mundo en absoluto. O tal vez si, a una sola persona en el universo de posibilidades, pero aun así una carta a un muerto que no tiene nombre, ni apellido, ni rostro.
Su única importancia radica en su historia conmigo. Tú sabes querido que yo no era la persona para ti. Yo sé que tú tampoco eres la persona para mí. Pero que triste que no pudiéramos engañar el destino. Que lastimero resulta que nunca hayamos podido satisfacer las expectativas del otro. La vida nos hizo un chiste de mal gusto. Mi vida, hubiese adorado poner una trampa para que al menos te hubieras quedado conmigo. Me hubiese contentado con tu presencia. Fuiste para mí una droga dolorosa, un hábito qué fue difícil de dejar. A ti te gusta vivir con la cabeza llena de drogas, a mí me gusta sacrificarme por hombres qué se niegan a amarme.
Te confieso qué he desarrollado un miedo enfermizo de caer en los mismos patrones, he estado huyendo de mi vida demasiado tiempo, evadiendo ser la misma persona qué en un principio conociste. No quiero volver a sentir tanta vulnerabilidad. Tengo miedo de volver a conocer a otra persona qué tenga tú misma esencia.
Tal vez sea el amor al reto, o un entretenimiento qué necesitaba mi mente. Mi vida es muy monótona, hemos sido opuestos. Mientras tú vivías el descontrol, yo soy la calma. La dama qué siempre se ha comportado según lo que la sociedad espera de ella.
Así no fuese para siempre, me hubiese alegrado de tenerte un día, una hora, o por lo menos unos minutos. Pero por mucho que duela, y me desgarre no puedo forzarte y sé que no debería. Y tampoco puedo forzar mi buen juicio a desobedecer este instinto mío de huir de ti, esa voz interna que me repite qué todo tiene sentido en el conjunto universal de posibilidades, que ambos estamos justo donde es nuestro deber ser. No puedo culparte enteramente, sé qué yo también te lastimé. Mis dudas, mi desconfianza. Sé qué yo representaba una responsabilidad qué no deseabas asumir. Sé qué te afectaba qué te viera tan críticamente. Sé qué tu piel se desmorona ante mis críticas. Sé qué te es difícil respirar conmigo. Sé qué siempre fui un recordatorio de tus fallas. Nunca de tus aciertos. Intente ser tu pepe grillo, tu conciencia. Falle, no soy la responsable de tu actuar moral, nunca lo he sido. Irónicamente no puedo dejar de agradecerte de qué me dejarás ir. Por qué cómo es posible querer tanto a alguien y tenerle tanto fastidio, al mismo tiempo ¿Cómo es posible tener tantas dudas? ¿Cómo es posible sentir tanta inseguridad con alguien con el que sientes tanta conexión? Contigo me sentía como una muñeca de cristal qué en cualquier momento está a punto de quebrarse.
Aun así no puedo evitar preguntarme ¿Tú alguna vez pensaste en mí? ¿Alguna vez te preguntaste qué podría haber sido la idea de un nosotros? ¿O solo soy un chiste recurrente entre tus amigos? ¿Una broma de mal gusto? Si, para ti debo ser una loca que te atormentaba la vida. Que creía que podría reformarte ¿Qué es un mejor signo de locura? Intente cambiar a un hombre como tú ¿Qué mejor signo de locura? Mis condiciones, mis reglas todo era un modo de proteger mi mente de la realidad de ti. Mi forma de seguir viviendo en la fantasía. Sé que para ti hubiese sido más fácil estar con una mujer qué simplemente sonriera y no fuese un reto. Qué se conformará con la persona qué eras. Yo quería qué dejarás las fiestas, el alcohol, los excesos, las diversiones.
Amor mío, nunca lo harás. Porque tristemente piensas qué es parte de tu piel. Lo has adoptado como parte de tu personalidad.
Aun así, creo que nos volvimos una colección de preguntas. ¿Qué hubiese pasado si? Un conjunto de posibilidades que se quedaron solo en sueños. Pero los dos lo sabemos, los dos sabemos que ninguno de los dos habría sido feliz de estar juntos. Soy consciente de qué habría sido infinitamente infeliz contigo. Te necesitaba, te quería, pero al mismo tiempo te odiaba.
Simplemente nunca fuimos lo que el otro necesitaba. Aun así lo hubiese intentado, aun desangrándome en el proceso. Creo que algunas veces buscamos respuestas en donde no deberíamos buscarlas, o que si tenemos las respuestas, pero cuya verdad no queremos escuchar, queremos disfrazar los hechos, nos hacemos sordos a las razones. O tal vez, aún peor, hacemos preguntas que no son necesarias. Para serte honesta yo me habría conformado con ser solamente amigos. Así de desesperadamente te quería en mi vida, aun cuando eso significaba mutilarme, inmolar mi propia carne. No sé si en realidad te quería o simplemente creía que te necesitaba, el poder de la costumbre de nuestras conversaciones diarias. Creo que ser solo amigos, eso me habría hecho sentir, que por lo menos. Había algo que podías amar dentro de mí. Así fuese mínimamente. Sé que algún día me toparé contigo. O al menos sabremos uno del otro. Algún día me contarán que pudiste darle a otra lo que nunca pudiste darme a mí. Sé que con otra persona si podrás ser estable o comprometerte. Algo que nunca pudiste hacer conmigo. O tal vez incluso, podrás admitir que eso fue simplemente algo que no quisiste hacer conmigo, que yo te resultaba demasiado. Y no te juzgo, fuiste el primero en reconocer que nunca amé la realidad de ti. Nunca te acepte enteramente. Atrapada en el potencial de un hombre. No en sus verdaderos colores. Veré a la mujer que escojas, y espero que sea altiva, espero que sea bonita y confíe en ti de la manera en la que yo nunca pude ni podré hacerlo, y tal vez, en ese momento. Tenga la madurez para alegrarme por ti. Porque sabré que ella sí podrá amarte tal cual eres. Porque a golpe duro del destino, aprendí que el rechazo no me define. Y tal vez en ese momento deje de pensar que el hecho de que no me escogieras a mí, o que más bien nunca coincidamos en nuestros deseos. No es un error terrible de mi carácter. Tal vez ese día entienda lo que debí entender desde el primer día. Nunca fue obra del destino que pasase nada entre nosotros. Los asteroides generalmente no colisionan entre sí.
La luna casi nunca coincide en el cielo con el sol. Mi imaginación enferma imaginó flores donde no las había. Imagine colores donde nunca existieron. Te pinté de negro, cuando ese nunca fue tu color. Me enamoré de un fantasma de una persona que nunca existió, pero que yo necesitaba que existiera, quería desesperadamente que existiera, ciega a realidades qué estaban justo en mi cara. Tal vez me enamore de la fantasía de ti, mi propia interpretación de ti. La realidad de lo que eres tú, siempre me pareció demasiado insoportable.
Lloré por alguien que nunca lloró, ni llorara por mí. Intente curar las alas rotas de un ave que se rehúsa a volar. Y tal vez, solo tal vez me olvide de repararme a mí primero.
Todos me dicen que debo enterrar el pasado, y sé que tienen razón. Pero tengo tanto miedo, miedo de seguir mis viejos pasos.
Estoy juntando las rosas para tu funeral, serán las más bonitas, las más coloridas, porque sé qué está es un buen momento para mí. Prometo que esta vez será eternamente. No perturbaré tú tumba de nuevo. Te dejaré dormir, por fin dejarás de ser un fantasma qué me persigue. Por fin tendrás paz.
Pero no puedo evitar pensar que aun con tu muerte. Existió algo que viste en mí. Que es repetitivo en la mayoría de los ojos. Una persona más, un cuerpo más. Un número más. Es difícil procesar qué tal vez, solo tal vez. No hay nada especial en mí, no hay razones para quedarse. Soy una mujer gris ¿Tal vez carezco de color? ¿Y si, solo soy una sombra que cree en un poder omnipotente qué no existe? ¿Y si solo soy una marioneta de mis impulsos más básicos? ¿Un juguete de los hombres como tú? ¿Y si, solo soy una niña que todavía le cuesta tomar decisiones por sí misma? Una niña paralizada por el miedo de crecer. Una adolescente que está atrapada en el cuerpo de una mujer. La versión femenina de Peter Pan.
Mi vida me lastima admitir en voz alta que lamentablemente que te comprendo más de lo que puedo admitir abiertamente. Ahora soy yo quien deja a sus enamorados con más preguntas que respuestas, ahora soy yo la que tiene miedo. Tengo miedo al compromiso, tengo miedo al amor, me lo heredaste. Al igual que tú hiciste conmigo abandono para después volver, totalmente dudosa de mis decisiones. Irónicamente y en contra de mi buen juicio, representó todo lo que odie de tu carácter. Tu indecisión, tu miedo de ser el malo de la historia.
Tal vez ame el reflejo del desastre que soy, que era tan palpable, tan evidente en ti. Tal vez me engañe a mi misma. Tal vez solo tal vez fui víctima de mi propio invento. Y mi amor por ti, si se le puede llamar así, fue en realidad sólo mi lado narcisista, creciendo dentro de mí. Incluso puede ser que fuese mi pereza de luchar por la tierra en la que vivo, por los ojos que ruegan que les corresponda. Mi pereza de luchar por lo que sí está a mi alcance. De luchar por realidades en vez de luchar por ficciones. Contigo habría vivido en la fantasía, tal vez debería empezar a valorar lo que tengo en las palmas de mis manos, aquellas cosas que puedo tocar con solo desearlo. Tal vez he vivido más en las nubes qué en el piso. Y conocerte fue un reflejo de eso. Desear tenerte para mí, fue mi deseo de tocar el cielo, las estrellas que tan lejos están de mi cuerpo, no la tierra que me mantiene en pie. Abandone el árbol qué me alimenta, para vivir en la fantasía de un futuro o de un fantasma inexistente. La tierra me daba frutos, pero yo no supe aprovecharla, demasiado enfocada en la estrella lejana a mí, qué eras tú. Supongo qué estaba demasiado distraída.
Pude vivir lo que deseaba, el amor, la estabilidad, pero como Peter Pan, me negué a crecer. Me negué a ser pareja, cuando pude serlo. Cuando rogué al tiempo y a Dios serlo. Me enfoqué enteramente en estar disponible para ti.
Ahora me doy cuenta qué lo que debo hacer es empezar a vivir por mi cuenta y debo despedirme de ti. Al parecer debo volver a pisar tierra firme. Corresponder a las miradas qué si me exploran fijamente. Alguien qué sí pueda mirar a los ojos con orgullo. Con seguridad, cosas qué nunca sentí contigo. Ojos que si me ven, ojos que sí puedo analizar por la sinceridad de sus gestos.
Quiero la comprensión mutua, o de no hallarla,hallar mi libertad de la enfermedad qué representas.
Pongo flores en tu tumba, me despido, me está esperando la vida. Me está buscando la realidad. Esta vez no puedo evadir mis responsabilidades, ni mi paz. Te deseo qué seas feliz”.
Después de leer la carta Juan, se quedó frío, definitivamente no la entendía, ahora comprendía qué nunca pudo entenderla.
Al terminar la carta Juan, llamó por teléfono a una de sus amistades femeninas.
-Laura, tú… ¿Sabes qué pasó con…?-
Estaba inquieto, se dio cuenta qué por primera vez, su reacción con ella había sido demasiado. Había sido demasiado grosero, demasiado atrevido. Sin tan solo hubiese sido menos… Tal vez podría haber sido más sensible, más considerado. Sin embargo, ya no importaba. Si tan solo ella hubiese sido menos intensa, si tan solo hubiese pedido menos. Si tan solo lo hubiese criticado menos… Si tan solo lo hubiese entendido más, si ella al menos se relajará más.
-Nunca volveré a verla. De eso estoy seguro- dijo con certeza.
Laura confundida al escuchar la afirmación hecha en voz alta, sin siquiera un saludo de su amigo contestó
-Primero qué nada, hola, no, no lo sé. Nadie sabe de ella hace meses, sabes qué rompió contacto conmigo desde… - Ella nunca estuvo segura de estar contigo tampoco, no tienes qué… Juan, ustedes son muy diferentes entre sí- Laura permaneció un par de horas hablando con Juan al teléfono, empezaron hablando de ella. Sin embargo, no había mucho qué decir. Ahora era solo un recuerdo, un fantasma. No había fotos, ni palabras. Casi, como si nunca hubiese existido.
Terminaron por hablar de todo, menos de lo que ambos en realidad querían hablar. Laura sabía qué él la llamaba porque algo había pasado con ella, sin embargo adrede decidió desviar la conversación. Sabía qué él no se atrevía a hablar de lo que realmente era importante para él.
En ese mismo instante, al otro lado del mundo una mujer se encontraba en la cubierta de un barco observaba las olas atentamente, tarareando una canción, estaba vestida de amarillo, el cabello recién tinturado de rojizo. Antes tenía el caballo negro. Una sonrisa se asomaba en sus labios, tenía la piel quemada por soportar el sol, mientras agitaba un abanico.
Contestó una llamada de su madre por teléfono.
-No mamá, estoy bien, mejor qué nunca, no te imaginas, estoy feliz, no tengo idea de cuando vuelva, pero no te preocupes- La mujer no tenía redes sociales, y en el teléfono solo tenía como contacto a su madre.
-Ma, te amo. Pero necesito hacer esto-
La madre contestó: - Han pasado demasiados meses, me siento sola, te extraño. Los perros y yo te estamos esperando-
La joven contestó: -Volveré, solo qué necesito un cambio, hasta luego, hablamos después-. Entonces colgó el teléfono.
Después de contestar la llamada, puso su teléfono de lado y lo guardó en su cartera. Se juntó con unos amigos en el salón principal del barco. Unas amigas la esperaban, una mujer eslava, una polaca y una mujer de origen oriental. Recibieron a la joven con risotadas. Y hablaron con entusiasmo del próximo viaje.
La mujer sonreía en exceso, no se podía disimular su felicidad.
Aun así, un hombre parecido a Juan pasó frente a sus ojos, se quedó mirándolo un momento y no pudo evitar pensar.
“Ya no me pregunto si alguna vez me amaste, ya no me atormentas” intentó distraerse, al tomar una bebida y siguió hablando alegremente con las mujeres qué se dirigían a ella.


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